domingo, 19 de agosto de 2012

Día cinco (o del pastel más rico de mi vida)


Este día seis no me apetece escribir nada, así que mañana os hago un resumen de la jornada y también intentaré ponerme al día.
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Hoy ha sido un día que se me ha hecho largo, larguísimo.
Me desperté muy temprano porque también me acosté como si fuese una chiquilla de diez añitos, desayuné con Patrick y Alzbeta y me tiré la mañana la mañana jugando con el niño (Mario es testigo indirecto de los hechos). Después, fui con la madre y Aneta, una familiar suya, a comprar. La zona es como un centro comercial, pero en vez de ser un solo edificio, cada tienda tiene el suyo propio. Adquirieron cosas en Carter’s, de ropa infantil; Marshall’s, una especie de outlet; y un supermercado que era exactamente como en la tele, ¡incluso te dan bolsas de papel!
Volvimos, comimos un sándwich y después de jugar un rato con Patrick fuimos a la piscina. Tienes hasta los salvavidas con los típicos traje y silbato, sentados en una silla alta. ¡Me tiré del trampolín y todo! Por cierto, vi a niños con bañadores de la bandera americana. Dice una amiga que los estadounidenses son “unos fachillas”, pero es que aquí está bien visto, se considera patriótico y eso tiene mucha aprobación. Con deciros que ya me he encontrado como quince coches con la dichosa banderita… Hablando de tópicos, todos los buzones (incluyendo el de mi casa) tienen la clásica banderilla roja que se levanta y se baja.
Luego hicimos una barbacoa (no debieron encontrar cosa más yankee) porque yo he llegado y Aneta se va mañana. Fue una pequeña reunión familiar en el jardín trasero. Uno de los presentes, cuyo nombre no recuerdo, nos dijo que lo negro que volaba no eran pájaros, sino murciélagos. Muy curioso. De postre, tomé una tarta riquísima de lima, frambuesas, crema y nata que es originaria de Florida y hablamos de lo que me espera en el instituto (teeeeela...)

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