Estas han sido mis auténticas vacaciones. Madre mía, fue fantástico. Os pongo en situación: ¿recordáis la familia con la que fuimos a tomar el brunch? Pues la madre de la mujer tiene una casa de vacaciones en una urbanización de Bethany Beach, Delaware, y allá nos fuimos las dos familias durante el fin de semana.
A las once y algo pasó el padre a recogernos a Edward, a Patrick y a mí. También venía su hija, Jade, de cuatro años -Patrick le saca unos meses y son buenísimos amigos desde bebés. Allá nos fuimos, tres horas en el coche metidos. A mí no me importan los viajes largos, pero es que estos chiquillos no paraban de gritar y creo que casi todos mis lectores saben que no soporto el ruido. Soy la típica que en los exámenes tiene que pegar un grito cuando la gente empieza a armar barullo. Las tres horas con dos niños de cuatro años fueron tortuosas -aunque lo podría considerar una caricia celestial en comparación con estar prácticamente los tres días sin internet.
La casa es fenomenal, si quitas que el aire acondicionado me congelaba. Tenía la planta baja y un baño y una habitación muy grande arriba con tres camas, para los no-adultos. Había un hilo musical y la música de la radio se escuchaba en todas partes, lo cual estaba muy bien porque el señor ponía una emisora que a mí me gustaba, la verdad. Para ser segunda residencia, estaba súper bien, incluso tenía mucha parte de la casa con moqueta -sin llegar al punto de la obsesión británica, esto aquí es bastante común.
 |
| La piscina de la urbanización Forrest Bay |
La urbanización tiene una piscina de ensueño. En serio, en el paraíso no la hubiesen diseñado mejor. Me bañé, nadé, dejé de nadar (tiene una zona, el "lazy river", que como bien indica su nombre, con unas corrientes de agua te lleva sola; es maravilloso), tomé el sol escuchando música (es que aquí puedes dejar tus cosas en la hamaca sin miedo a que te roben)... Sólo un par de consejos: si tenéis el pelo alisado, no os tiréis por el tobogán de agua, por ninguno de los dos, y agarraos la parte de arriba del bikini si os vais a lanzar hacia delante. Os lo digo por experiencia...
Después fuimos a cenar a un restaurante (volví a tomar ensalada, aquí me estoy aficionando a ellas) y fuimos a jugar (bueno, los pequeñajos) a área recreativa. Después tomé helado en un sitio en que tenía una barra libre de toppings, que aunque no era demasiado variada, me sirvió para tomar uno de los mejores helados de toda mi vida. Dejo de pensar en él que me entusiasmo. Tanto Alzbeta como Danielle, la madre de Jade, llegaron por la noche, porque el viernes trabajaban.

El sábado por la mañana fuimos a la playa en un bus gratuito para los que tienen casa en la urbanización y la temperatura del agua era idónea, podrías estar horas sin tener frío -no como en Galicia, ejem-, a pesar de estar a la altura de Londres, porque la corriente marina trae agua cálida del Ecuador. La playa en sí es preciosa y larguísima, no tiene final. Se me hace muy raro pensar que si me pusiese a nadar a nadar, hipotéticamente, podría llegar a Pontevedra... El caso es que se echó a llover (aunque seguía haciendo calor) y claro, nos fuimos. Como por la tarde el tiempo volvió a abrir, fuimos a la piscina de nuevo.
El domingo fuimos a Funland, una especie de miniparque de atracciones. Los niños se lo pasaron muy bien, era fantástico ver cómo disfrutaban. Como no podía faltar en EEUU, era un sistema de tickets que se podían ganar en unos juegos y gastar en otros. También ese día tuve tiempo para ir al piso de arriba (donde hacía menos frío), tumbarme en el suelo de moqueta un par de horas, sin hacer nada, y pensar. Menos mal, porque yo si no tengo mi especio y mi tiempo para mí misma, para estar sola, me ahogaría. Por la tarde-noche volvimos a Virginia. Cuando vi en el GPS que faltaban unos minutos para completar la ruta, pensé "¡Uf, qué bien, en nada estamos en casa!". Luego me quedé reflexionando y claro, ahora esto es "casa"... Muy raro, porque es verdad que al llegar noté esa sensación de "hogar". Y en cuanto me termine de acostumbrar a esto, me tendré que ir a otra casa, pero bueno, se trata de otro tema.
El caso es que han sido unas verdaderas vacaciones americanas.