domingo, 30 de septiembre de 2012

Día 49 (o del food court)

¡Hola! Vengo con cosillas alegres y bonitas que contaros. Porque sí, ya estoy sonriente otra vez. Isn't it nice?
Es otoño en Falls Church y todo resulta precioso. Los árboles de cada casa empiezan a perder las hojas, las cuales se amontonan a sus pies hasta que la familia al completo pasa una mañana metiéndolas en bolsas, para que el camión se las lleve al pasar. ¿Que te ven caminando por delante de su jardín delantero? Pues nunca falta el agradable saludo con sonrisa incluida. Y las ardillas. Estoy absolutamente segura de que hay más ardillas que personas, las ves correteando de un lado a otro, brincando por la hierba o royendo la cáscara de un fruto seco. Confieso que se me escapó un "Aaaaw" en alguna ocasión, son demasiado cuquis.
French bride:
esa trenza que empieza en la parte superior de la cabeza.
Mi domingo ha consistido en levantarme a las 8 -una buena hora-, tomar un desayuno tremendo (incluyendo helado jajaja) y llegar a casa de Alexandra. Cuando llamé no estaba, vaya, así que pasé un rato con sus hermanos. El padre, que por cierto tiene pinta de americano-prototipo-descendiente-de-europeos-del-norte, puso música clásica para mí y me hizo café. Qué majo, ¿verdad? Me sugirió echarle canela y oye, probadlo, sabe muy bien. Después, Alexandra me hizo una trenza francesa, que no me he deshecho porque así me queda para mañana.
Salí de su casa a las 12, me arreglé y fui a un centro comercial bastante grande, Tyson's Square. Fui con las chicas de CIEE: Dominika, la eslovaca: Isabella, la venezolana (aunque a estas dos no las vi mucho); Jana, la alemana; y dos rusas que van al instituto de Jana. Una se llama Alina y es súper maja. Al final, las perdí y acabé sólo con las rusas, porque hay dos zonas de restaurantes (food court) y casi me vuelvo loca buscándolas -me quedé probándome tallas y colores de un mismo vestido sin darme cuenta de que el grupo ya se había ido a otra tienda. ¡El caso es que me lo pasé genial! Finalmente sólo me compré un vestido y un cinturoncito para el homecoming en Urban Outfiters y una blusa y una braguitas en Forever 21, pero mereció mucho la pena. Debería haber comprado vaqueros y un thermo, que también los necesito, pero no dio tiempo. Ya volveré.
Después he terminado el essay, y como no me apetece imprimirlo y hacer ruido, le he enviado un email a la profesora pidiéndole permiso para hacerlo en su aula antes de que empiecen las clases. Lo voy a llevar en mi pen en forma de tortuguita, ¡es una monada! No me creo que fuese tan barato, 15 dólares por 8GB.

¡Espero que esta semana sea genial!
Nota: gracias a todos, he superado las 2500 visitas :)

sábado, 29 de septiembre de 2012

Días 40-48 (O de reflexionar)

Bubbly: Vital, llena de vida, efervescente, chispeante; risueña
Ha sido una semana poco interesante.
Aunque ayer fui a un partido de hockey sobre hielo porque una chica de sociología y AP biology me lo pidió, eso resultó bastante guay. Y a ver a los Nationals, el equipo de béisbol de Washington DC, el otro sábado. Me encantó.
Más bien he tenido tiempo para pensar. Yo... lo siento mucho, pero no me apetece escribir una entrada contando las cosas que me han pasado, que podría y bastantes son interesantes y chachis, como hacer un pastel con una amiga de latín, simplemente no tengo ganas.
He tenido tiempo para pensar y pensar demasiado es malo. Que el otro día me describieron como "bubbly" y supongo que sí, la mayor parte del tiempo soy una persona bastante agradable, me gusta tener una sonrisa para los demás. Me gusta decirle a la gente "¡Qué bien vestida vas hoy!"; saludar a las cajeras con todo el entusiasmo, aunque ellas saluden por rutina, porque sé que hace ilusión; me gusta ayudar; me gusta comentar "Gracias por esta comida tan rica"; me gusta hacer del mundo un lugar un poquito más feliz.
Y a pesar de todo, creo que la tristeza aparece en cuanto dejas de taparla con alegría. Es algo que tienes que estar alimentando continuamente para que no aparezca ese monstruo de "ponerse a pensar". Hay que mantenerse entretenido y entusiasmado.
"Eras como un marciano perdida en un mundo ajeno al suyo". -Un profesor, sobre cómo me encontaba yo en Pontevedra. 
Vosotros me diréis "Erm... Hola, yo vengo a leer sobre cómo te va la vida en Estados Unidos, tus reflexiones me la traen bastante al pairo. Si no voy a saber de Virginia, dejo esto." Pues os voy a contar: mi padre no me contesta a los emails, una buena amiga no me hace ni caso, gente que me importa se cansa de mí, tengo que aguantar a un niño de cuatro años cuando no estoy en el instituto, nunca puedo decirle que en ese momento no me viene bien jugar, el único cariño físico que recibo es del gato, no tengo casi nada familiar a lo que agarrarme y en los últimos días he llorado al escribirle a mi antiguo profesor de cultura clásica, un hombre al que admiro profundamente. Más de una vez. Se me ha juntado todo. Podría extrapolar la cita de arriba a mi vida entera.
No penséis que me va mal aquí o algo así, en realidad estoy contenta y satisfecha, lo único que pasa es que no quiero que veáis solamente el lado maravilloso de mi vida americana. Os prometo una entrada más bubbly la próxima vez.

viernes, 21 de septiembre de 2012

Días 38, 39 y 40 (o del apagón)

El 40 es un número especial. No sólo porque yo lleve cuarenta días de aventura, que tengo algo de ego pero no tanto. No soy creyente en nada, pero objetivamente las raíces de nuestra cultura son las que son, sería un absurdo negarlo. El 40 es un número muy significativo en la Biblia, y no me podéis decir que no es importante en nuestra civilización. Resulta que el diluvio de Noé duró cuarenta días y cuarenta noches, y Jesús supuestamente estuvo en el desierto 40 días, por poner ejemplos conocidos y no meterme en cosas que requieren algo más de cultura general. Para los judíos, este número es muy especial. Significa prueba, examen, ensayo. Pues os voy a dar mi humilde opinión: cuarenta días no son nada. Ahora mismo, lo de Noé (si pensase que ocurrió) me parecería un juego de niños. Siempre he opinado que el tiempo no vuela ni pasa lentamente: suele tener la velocidad perfecta, aunque a veces pienses que es una injusticia lo célere que es.

Ayer me pasó una anécdota. Resulta que hubo una charla de la Cruz Roja en mi instituto y como acabó algo tarde, decidí coger el late bus, que los jueves pasa a las cuatro. Maldita la gracia. Estuve una hora y media esperando a un bus que nunca llegó. Y podría seguir allí de no ser porque unas niñas me hicieron enfrentarme a la realidad -yo soy así. Con tal, fui a recepción explicándoles que no tengo móvil ni manera de contactar con mi familia y poco menos que suplicando ayuda. Pero ahora ya me he enterado de que las rutas son diferentes y el lunes voy a buscar una parada que me quede relativamente cerca. Además, me dio tiempo a leer bastante. La biblioteca escolar es maravillosa, tiene los títulos que los adolescente queremos leer. Hasta cómics manga y cosas así. Pero vamos, que es muy grande. Y hay una sala de estudio silencioso ¡que la gente obedece! Allí no se escucha una mosca.
Luego fuimos a cenar a un chino y al ratito de volver a casa (apenas había jugado con Patrick y escrito medio email) se fue la luz. Así hasta la madrugada. Total, no pude hacer los deberes ni nada útil y me fui a la cama tempranísimo. Al parecer, es que se había caído un árbol, cortando la línea eléctrica.
"Share your happiness with others today",
rezaba el papelito en el interior de mi galleta de la fortuna.

Nota. El otro día se me olvidó explicar el subtítulo de la entrada: la alerta de tornado fue porque el otro día hubo una alerta de tornado.

martes, 18 de septiembre de 2012

Días 36 y 37 (o de la alerta de tornado)

Sabéis que en mi instituto hay días rojos y días plateados, ¿verdad? Pues estos últimos siempre me siento con un grupito muy majo: un nepalí simpatiquísimo, que me invitó al grupo; Laura, una japonesa que va conmigo a historia y me cae genial -me recuerda un poco a Cristina Yang a veces-; una Julia y la otra Julia -una es toda sonriente y abierta, con la otra casi no he hablado; y algunas chicas más. A veces es difícil implicarse mucho en la conversación porque tienes que comer, seguir el tema del que están hablando (y no hacen un esfuerzo para que les entiendas, ellos no se pasan el día en que acabo de llegar y no es tan sencillo para mí) y pensar rápido para decir un comentario con sentido. Y si eres como yo, que una conversación interesante la puedes mantener, pero las charlas para matar el rato y quedar como alguien sociable se te resisten, me comprenderás.
Los días rojos tenía un problema: mi almuerzo era el de latín 1 y casi todos mis compañeros eran freshmen. Con tal, no tenía con quien sentarme y había un chico -que sinceramente no me caía nada bien, aparte de ser tímido y hablar bajísimo- que se sentó conmigo dos días rojos. Y no tenía más amigos, así que ni siquiera estaba con un grupo que puedes hablar con otras personas. Al tercer día huí a la biblioteca escolar y ¡zas! al rato entró él. La buena noticia es que he conocido a una chica de latín que tiene un año más que yo y hoy he comido con ella. Nos hemos caído bien así que intercambiamos correos -aquí los usan muchísimo. Lo incómodo fue que estábamos otro chico, ella y yo. Aquí servidora no se dio cuenta de que eran novios hasta que ya estábamos volviendo las dos solas por el pasillo (tampoco lo parecía, la verdad), y cuando me percaté... qué fallo. Aunque esta chica, Alexandra, dijo que no pasaba nada.
Como nota cultural, os voy a contar el nombre que tiene cada curso:

  • Grado 9: Si acabas de entrar en el high school, eres freshmen.
  • Grado 10: En este curso te consideran sophomore.
  • Grado 11: Como yo, que soy junior.
  • Grado 12: ¡Es tu último año! Felicidades, senior.
Nota: los senior tienen privilegios, como salir diez minutos antes los viernes y son "la crème de la crème". Supongo que eso ya lo sabréis de High School Musical y trapalladas semejantes, jajaja.

domingo, 16 de septiembre de 2012

Días 29-35 (o de lo vaga que soy)

Me gusta mucho leer y de vez en cuando cogía libros en la biblioteca municipal. Luego se me olvidaba devolverlos. Cada día que pasaba, la idea de llegar allí con un gran "¡Irresponsable!" rojo en la frente se hacía peor. Hasta una vez, hasta me llegó una carta a casa. Pero me daba tanta vergüenza aparecer por allí... Aún sabiendo que cuanto más tiempo dejase correr, más terrible sería. Pues así me siento con lo que le he hecho al blog, y a todos vosotros en consecuencia.

Annapolis Renaissance festival
Hoy fuimos a una feria renacentista. En un recinto muy grande a las afueras de Annapolis, MD, había un falso pueblo renacentista, con mucha gente vestidos de traje de época, caballeros, tiro con arco...
¡Fue muy entretenido! Sé que es totalmente anacrónico, pero esta gente celebra todo, y lo que no puede celebrar... pues también, ¡por qué no!
Comimos "Italian ice" de postre y os voy a explicar en qué consiste: es una bola, un hemisferio es media naranja congelada y el otro helado de hielo sabor a fresa. Mola muchísimo, nunca lo había probado. Luego también tomamos almendras recubiertas de azúcar solidificada y canela.
Ayer, sábado, fuimos a una especie de feria municipal, pero resultó bastante aburrida. Especialmente por el hecho de que me dediqué a ir de cola para atracción infantil en cola para atracción infantil. Pero hubo un momento en que me dejaron irme sola y me puse en un parque a escuchar música... Fue muy agradable y relajante. También fue bueno del sábado que hice skype con Pilar y con Esther, dos amigas mías a las que quiero mucho, mucho, mucho. De hecho, el otro día llegué a la conclusión de que sólo soy realmente cariñosa con tres personas, y ellas son dos. Sé que son cosas muy personales que no os interesan en demasía, pero poder continuar con amistades aún cuando vives a seis husos horarios de distancia es una de esas cosas en la vida que merece la pena.

Ya he pasado del mes aquí. Un décimo de mi estancia se ha ido para no volver. Iba a dedicarle un post a eso, pero luego me di cuenta de que no quiero empezar a pensar en ello, en si me gusta la idea o no, ni empezar a sacar valoraciones ni dejar de sacarlas, así que le dedico estas líneas y punto. Actualizaré más a menudo, aunque me estén friendo a deberes, quizzes y tests.

lunes, 10 de septiembre de 2012

Días 27 y 28 (o de los Capitals)

El domingo fue a patinar sobre hielo a un centro comercial. Sí, sí, como lo leéis. Aquí hay pistas de patinaje abiertas todo el año (no como la de un mes que ponen en Pontevedra, pero al menos es algo, hay gente que no lo ha probado en su vida). En realidad patinamos sobre una pista de hockey sobre hielo, la de los Capitals de Washington CD -qué nombre tan original, buaf. Aquí el hockey sobre hielo es enorme, la gente lo vive, hay merchadising por todos los lados.
El logo de los Washington Capitals,
equipo de hockey sobre hielo de DC
Llegué allí con Alzbeta y Patrick, después de que toda la familia fuésemos a pasear a un parque. El plan era meter al niño en sus clases (ya no es la primera vez que va, claro, pero sigue siendo pequeño y no sabe del todo aún) e irnos nosotras a patinar por libre. Alzbeta se quedó muy impresionada cuando le dije que yo sabía patinar sobre hielo. Todo el mundo nos ve como un país de eterno verano.
Patrick se quedó dormido en el coche y por no despertarle, su madre se quedó con él, dejándome a mí sus patines -que al parecer le regaló Edward hace unas cuantas Navidades. Al principio no iba muy segura porque eran de los de cordones y hacía mucho tiempo que no iba a una pista de hielo, pero luego me defendía bastante bien. Es como andar en bicicleta o nadar, nunca te olvidas aunque pierdas algo de práctica. Por cierto, esa clase de memoria se aloja en nuestro cerebelo y al ser memoria muscular es mucho más duradera, prácticamente sirve para siempre. Nos lo contó la profe de anatomía el viernes, ¿acaso no es un dato interesante a la vez que curioso?

P.D.(siempre hay cosas que se te olvidan): Cuando fuimos a la pista, los zapatos tuyos, propios, los dejabas fue, en los bancos de sentarse a cambiártelos. Y nadie te los robaba ni te los cambiaba de lugar. Me llamó la atención porque en España, seguro que te descuidas dos minutos y tienes que volver a casa calzada con patines de hielo.

sábado, 8 de septiembre de 2012

Día 26 (o de la primera "xuntanza" del CIEE local)

Probablemente no sepáis lo que es una xuntanza. Normal. Pero cuando unos cuantos amigos o familia se reúnen en un mismo sitio con el único propósito de verse y pasar una jornada entretenida, no conozco término mejor. Normalmente no hay siquiera ningún acontecimiento en especial que celebrar, la cuestión es juntarse.
Hoy, los chicos de mi zona del programa de CIEE nos juntamos en casa de uno de los padres de acogida que además es coordinador (no mío, pero sí de muchos de los presentes). No había gente de mi beca; de hecho, sólo un chico tenía una y era por otro motivo totalmente distinto. Allí estaban 3 alemanes (Lars, el de la beca; Jena, la "hija" de Jim; y Anika, una chica morenita a la que curiosamente ha acogido una familia de color, así que no destaca tanto), dos chinos (Wong, un chico muy majo con un hermano de acogida muy majo también; y Cristina, una chica 17 años súper tímida), una eslovaca (Dominika, a la que Alzbeta y yo fuimos a visitar un día), Isabella (una venezolana con la que congenié un montón) y yo. También estaban las familias o parte de ellas. En mi caso, fui con Alzbeta.
Estuvo genial, cada uno llevó un plato de su país -los postres, qué postres- y nos lo pasamos realmente bien. Yo hice un intento de paella que a la gente le gustó. Lo "gracioso" es que aquí no venden colorante artificial y en mi casa tuvieron que comprar azafrán, que cuesta una fortuna o dos.
Es gente muy, muy agradable, tengo el facebook de tres. Lo pasamos geniaaaaaal. Cuando estábamos por irnos, nos dijo la hija de Jim que había una alerta de tornado y no podíamos irnos. Así de risas, nos quedamos un poco más en la casa, lo cual estuvo muy bien para poder seguir hablando.
Pero lo mejor del viaje (que no del día) fue cuando Alzbeta me dijo que si tendría algún problema quedándome con los Findlay todo el año. ¡Menuda pregunta, por supuesto que no! No los cambiaría por otra familia que me pudieran encontrar, y me ha hecho tan feliz saber que al final se van en verano para poder quedarse conmigo todo el curso. Qué bien se portan, de verdad. Más cambios ya hubiesen sido demasiado.

viernes, 7 de septiembre de 2012

Días 24 y 25 (o del "Go Highlanders!")

Esta semana, desde el martes hasta hoy, cada día he acabado más cansada. Esta mañana casi pierdo el bus, debo estar más atenta. Levantarme a las seis de la mañana me destroza.
Hoy he ido a un partido de football: fútbol americano. Jugaba McLean (el equipo de mi instituto) contra Falls Church (de otro high school). Fue como en las series o las típicas pelis, en serio. 
Yo en el McLean-Falls Church
Para empezar, los americanos deben tener sangre fenicia, porque te cobraban cinco dólares por entrar al partido. Bueno, a mí me los pagó Edward, que fue quien me llevó a verlo. Fue todo el espíritu yankee. El césped, por cierto, tiene el logo del instituto.
La grada local estaba llena de gente con ropa roja, ya sabéis, uno de los colores del instituto. Yo iba normal, con unos shorts beige a rayitas y un lazo y una camiseta beige pero más clarita. Destacaba, aunque parezca mentira.
A mitad del partido -hay cuatro cuartos- salió la banda de música, de más de 80 personas según el comentarista (y yo le creo) a tocar. Además, había una actuación con banderas bastante chula.
Os estaréis preguntando... ¿Y las animadoras? Sí, las hay. Más o menos van como las cheerleaders de Glee, el traje se le parece mucho. De hecho, hoy veías a chicas así vestidas por los pasillos.
Edward me explicó que el fútbol americano es como una guerra: tienes que ir ganándole terreno al enemigo hasta alcanzar su base. Hay varias "batallas", claro, y de vez en cuando se intercambian las "trincheras". Mientras tanto, las animadoras hacían sus cosas. No son súper espectaculares, pero están bien.
Aquí la gente vive muchísimo el deporte porque cada instituto tiene su equipo y se vuelcan muchísimo en él. Digamos que defienden sus colores.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Días 21, 22 y 23 (o del comienzo de las clases)

First things first, que diría mi profe de sociología y psicología: no pienso dejar tantos días sin actualizar, estas han sido circunstancias especiales.
Bueno, el lunes fue festivo. Se celebraba el Labor day, día del trabajo aquí en EEUU. No sé si lo sabéis, supongo que unos sí y otros no, pero lo que en inglés británico lleva el sufijo -our (flavour, honour, odour), con relativa frecuencia se escribe con -or en inglés americano (flavour, honor, odor). Ahora viene lo relacionado con esto: cuando te dicen "Labor day", se refieren a SU día del trabajo, el 3 de septiembre; cuando utilizan Labour day, quieren decir el día del trabajo de la mayoría del resto de países del mundo, el designado por la Segunda Internacional. Es un dato que a mí me pareció curioso.
En el Estado de Virginia, las clases comienzan tras ese día. En muchos otros, tipo Texas o Lousiana, ya habían comenzado hace tiempo.
No os voy a contar de las clases porque le quiero dedicar una entrada a cada asignatura, ya que hay mil cosas que me gustaría comentar. Sólo decir que el primer día fue un poco caótico, porque el edificio es grande y hay veces en las que tengo ocho minutos de reloj para recoger mis cosas, localizar en mi mapita dónde está el aula de la siguiente asignatura y apurar hacia ella (eso contando que no me pierda o haya "atascos"), estando la siguiente clase en otra planta, en otra esquina. Luego quise buscar mi taquilla y mi perdí, yuju. Se me debía notar en la cara, porque alguien del instituto, no sé si era profesora o qué, me paró y me buscó ayuda. De momento no sé usarla porque aunque finalmente la encontré, sonó otra vez el timbre (que por cierto, da un ruido bastante desagradable) y tuve que salir semi-corriendo. Al final del día, no sabía dónde estaban los buses, ergo casi lo pierdo. Me agobié muchísimo, porque ni Alzbeta ni Edward podían ir a buscarme (ya me lo recordaron por la mañana) y como lo perdiese, me esperaba la gran caminata hasta casa. Menos mal que lo cogí, aunque no sabía cuál era mi parada (por la mañana me había llevado Alzabeta, al ser el primer día) y me bajé casi en el fin del mundo. Pero sobreviví sin ningún incidente grave y estoy muy orgullosa de ello.
El segundo día ha sido mucho mejor. En la parada conocí a una chica de rasgos asiático (Zuchin o algo así se llama) que me habló bastante maja, y en el comedor me saludó un chico -lo menos interesante del mundo, no os entusiasméis- que me invitó a unirme a su grupo, que eran todo chicas menos él. Fue chachi porque así tuve con quien sentarme en historia: otra asiática (no nacida allí, por supuesto) que había estado comiendo conmigo y también fue muy amable.
Ahora me estoy estabilizando un poco, porque nos mandan toneladas de deberes, pero estoy segura de que en unos días le cogeré el truco. De hecho, hoy ya noté que me brujuleaba mucho mejor por los pasillos. Aún así, voy a marcar la localización de mi taquilla en el mapa.
Seguiré informando.

lunes, 3 de septiembre de 2012

Días 18, 19 y 20 (o de Bethany Beach, DE)

Estas han sido mis auténticas vacaciones. Madre mía, fue fantástico. Os pongo en situación: ¿recordáis la familia con la que fuimos a tomar el brunch? Pues la madre de la mujer tiene una casa de vacaciones en una urbanización de Bethany Beach, Delaware, y allá nos fuimos las dos familias durante el fin de semana.
A las once y algo pasó el padre a recogernos a Edward, a Patrick y a mí. También venía su hija, Jade, de cuatro años -Patrick le saca unos meses y son buenísimos amigos desde bebés. Allá nos fuimos, tres horas en el coche metidos. A mí no me importan los viajes largos, pero es que estos chiquillos no paraban de gritar y creo que casi todos mis lectores saben que no soporto el ruido. Soy la típica que en los exámenes tiene que pegar un grito cuando la gente empieza a armar barullo. Las tres horas con dos niños de cuatro años fueron tortuosas -aunque lo podría considerar una caricia celestial en comparación con estar prácticamente los tres días sin internet.
La casa es fenomenal, si quitas que el aire acondicionado me congelaba. Tenía la planta baja y un baño y una habitación muy grande arriba con tres camas, para los no-adultos. Había un hilo musical y la música de la radio se escuchaba en todas partes, lo cual estaba muy bien porque el señor ponía una emisora que a mí me gustaba, la verdad. Para ser segunda residencia, estaba súper bien, incluso tenía mucha parte de la casa con moqueta -sin llegar al punto de la obsesión británica, esto aquí es bastante común.
La piscina de la urbanización Forrest Bay
La urbanización tiene una piscina de ensueño. En serio, en el paraíso no la hubiesen diseñado mejor. Me bañé, nadé, dejé de nadar (tiene una zona, el "lazy river", que como bien indica su nombre, con unas corrientes de agua te lleva sola; es maravilloso), tomé el sol escuchando música (es que aquí puedes dejar tus cosas en la hamaca sin miedo a que te roben)... Sólo un par de consejos: si tenéis el pelo alisado, no os tiréis por el tobogán de agua, por ninguno de los dos, y agarraos la parte de arriba del bikini si os vais a lanzar hacia delante. Os lo digo por experiencia...
Después fuimos a cenar a un restaurante (volví a tomar ensalada, aquí me estoy aficionando a ellas) y fuimos a jugar (bueno, los pequeñajos) a área recreativa. Después tomé helado en un sitio en que tenía una barra libre de toppings, que aunque no era demasiado variada, me sirvió para tomar uno de los mejores helados de toda mi vida. Dejo de pensar en él que me entusiasmo. Tanto Alzbeta como Danielle, la madre de Jade, llegaron por la noche, porque el viernes trabajaban.
El sábado por la mañana fuimos a la playa en un bus gratuito para los que tienen casa en la urbanización y la temperatura del agua era idónea, podrías estar horas sin tener frío -no como en Galicia, ejem-, a pesar de estar a la altura de Londres, porque la corriente marina trae agua cálida del Ecuador. La playa en sí es preciosa y larguísima, no tiene final. Se me hace muy raro pensar que si me pusiese a nadar a nadar, hipotéticamente, podría llegar a Pontevedra... El caso es que se echó a llover (aunque seguía haciendo calor) y claro, nos fuimos. Como por la tarde el tiempo volvió a abrir, fuimos a la piscina de nuevo.
El domingo fuimos a Funland, una especie de miniparque de atracciones. Los niños se lo pasaron muy bien, era fantástico ver cómo disfrutaban. Como no podía faltar en EEUU, era un sistema de tickets que se podían ganar en unos juegos y gastar en otros. También ese día tuve tiempo para ir al piso de arriba (donde hacía menos frío), tumbarme en el suelo de moqueta un par de horas, sin hacer nada, y pensar. Menos mal, porque yo si no tengo mi especio y mi tiempo para mí misma, para estar sola, me ahogaría. Por la tarde-noche volvimos a Virginia. Cuando vi en el GPS que faltaban unos minutos para completar la ruta, pensé "¡Uf, qué bien, en nada estamos en casa!". Luego me quedé reflexionando y claro, ahora esto es "casa"... Muy raro, porque es verdad que al llegar noté esa sensación de "hogar". Y en cuanto me termine de acostumbrar a esto, me tendré que ir a otra casa, pero bueno, se trata de otro tema.
El caso es que han sido unas verdaderas vacaciones americanas.