Mi cumpleaños americano. Emocionante, diferente y (para qué negarlo) un poco triste a la vez. El sábado 9 -mi cumple es el 10- fui con unas amigas a cenar y ver una peli. Tengo una amiga cuyo gran consejo fue "Esto no va a ser una auténtica experiencia americana si no ves una de zombies antes de marcharte, ¿¡a qué estás esperando!?" Y allá nos fuimos a ver Warm Bodies, donde un zombie se enamora de una chica humana de la "resistencia". No os voy a decir que sea el mejor argumento del universo, porque no, pero todo el mundo se quedó satisfecho y es lo importa. Para películas de culto ya está mi padre, que me pone cine danés con subtítulos en inglés (
Babette's Feast), ganador de un BAFTA. Somos todos unos alternativos de la vida, ¿eh? No, jo, es bromi.
El día de mi auténtico cumpleaños skypeé con mis padres y hermano (los españoles, obvio, sería un poco del género bobo hablar por ordenador con la gente con la que vivo) y fui a patinar sobre hielo con otras amigas. Lo pasamos bien, pero luego las invitamos a casa a tomar cupcakes -¿somos o no somos unos americanos de star-spangled banner?- y se nos acoplaron los padres y hermanos de una chica, Dominika. No es que les fuese a echar de una patada, claro, aunque resultó un poco raro.
Después vino San Valentín. No voy a describir la tortura que resultó porque os tengo suficiente aprecio como para eso. Cambiemos de tema.
¡Hemos tenido un fin de semana largo! El sábado fui al museo de arte de Washington y cuando salí de allí lo que tenía en mente era "Si me muero esta noche, me muero en paz". Qué bonito todo. Hice skype con una amiga al día siguiente (aprovechando que Ed y Patrick se marcharon un rato) y me entusiasmé toda contándole el Da Vinci que había visto, la escultura de Miguel Ángel, los cuadros dde Rubens y Rembrandt... Me encanta estos últimos, no sé por qué, y tuve la suerte de poder acoplarme a la explicación de un par de cuadros del flamenco, genial. Es un poco irónico que haya tenido que venir a Estados Unidos para poder ver cuadros de Goya. Y cuadros de prerrafaelistas, un fascinante tesoro. Típicos cuadros que ves en los libros del colegio y no se te pasa por la cabeza que algún día les vas a respirar encima. Ojalá mi madre (sí, la biológica) allí. Jo, sé que lo hubiera disfrutado mucho. De verdad.
Mi coordinadora local, esa señora que es de las pocas que de verdad me caen mal en este mundo, echaba humo por la orejas cuando se enteró. Pero la verdad, ¿a qué vas a un museo con gente? Eso no es un centro comercial en que te agarras del brazo de tus amigas mientras comentáis lo muchó que se pasó Mrs. Jarrell en el examen sobre comunicación celular o que Samantha tiene novio. A un museo vas a que se te abra la boca con la belleza de Ophelia muerta en el río, o Lucrecia con su daga. Y excepto que tus acompañantes tengan algo que aportar sobre arte, sobran. Aunque claro, ella me seguirá echando la bronca por no hacer "vida social". Que hablando de vida social, al día siguiente vino una amiga estudiante de intercambio a ver Million Dollar Baby en mi casa, así que menos quejas. Y enlazando con lo de las pelis, mi padre me puso la última de James Bond (creo que mi auténtico padre se sentirá orgulloso de esto) y me quedé dormida. Lo más gracioso es que cuando me fue a poner una mantita por encima, salté y le dije "¡No estoy dormida!". Su cara de "Ya, venga, claro..." lo decía todo.
Mi madre no estuvo este fin de semana, se fue a Santa Fe (Nuevo México) y volvió ayer por la noche. La verdad es que fue duro para todos. Se te quitan las ganas de tener hijos si no te los puedes quitar de encima ni un minuto durante cuatro días. Pero ese es otro tema y supongo que los trapos sucios se lavan en casa.
Hoy fuimos a la nieve. Nuestro plan era hacer "snowtubing" (¿snow-tubbing?) en Liberty, pero las colas era demasiado largas y al final sólo llevamos a Patrick a la zona de niños, nos tomamos un té y nos volvimos. Como hoy es President's day y no tuvimos clase, básicamente me estuve viendo capítulos de Doctor Who y ayudando a Alzbeta a hacer guacamole.