lunes, 9 de julio de 2012

Madrid.

Avanzado ya el curso (de hecho, estábamos en exámenes porque me tuvieron que mover el global de biología), fuimos a hacernos el visado. Dicho documento sólo se puede obtener en la Embajada de Estados Unidos en España, que se encuentra en la capital. ¡Y allá nos fuimos!
Por la mañana, me tuve que despertar tempranísimo para coger el avión, que salía de Vigo. Dormí como cuatro horas, con la tontería... Bueno, allí comencé a conocer a más becados, ya que mi padre simplemente me dejó y se marchó. Luego nos dieron una camiseta igual a todos, que me encanta pero me queda enorme. Localicé a la gente que me parecía más simpática e hicimos grupito. Luego nos montamos en el avión, a mí me tocó con un chico de Vigo bastante majo. Cuando llegamos a Madrid, al salir del aeropuerto nos esperaban unos buses. Cabe decir que nos dividieron en dos grupos: las provincias de Coruña y Lugo por un lado y las de Pontevedra y Orense por otro. Nos juntamos todos para desayunar en un café maravilloso, donde nos sirvieron comida exquisita. Además, en mi mesa se sentó la chica que nos había organizado la agenda del día: una alemana de padres libaneses que había hecho la especialidad en Barcelona y trabajado también en Madrid. Dominaba cinco idiomas, por cierto. En resumen, la persona más interesante de todas las que pudiese haber allí (sin menospreciar a los becados, que son geniales).
Después nos dirigimos a la embajada. Yo pensaba que eso de que los americanos se toman muy en serio la seguridad era una exageración, pero no. Están realmente paranoicos. Te hacen pasar por unos arcos, te ven el bolso por unos rayos como en los aeropuertos, te requisan los aparatos electrónicos (¡hasta mi inofensivo iPod!) y tienen cámaras grabando por todos lados. Fuimos a una sala de espera donde nos cogieron el pasaporte y nos dieron un documento, el DS-unnúmero, imprescindible para viajar allí. 
A continuación fuimos a una especie de invernadero donde había un detalle que me llamó bastante la atención: dos barras paralelas colocadas en las paredes laterales echaban agua vaporizada, para refrescar, ya que ese día en Madrid hacía un poco de calor. Aquí no, por supuesto, siempre hace un clima de pena. Nos dieron una comida muy copiosa, la verdad es que estaba todo buenísimo, durante la cual pude entablar conversación con una alumna veinteañera de Harvard que estaba en la embajada pasando sus vacaciones de verano. También se trataba de una chica realmente interesante. Luego varias personas, entre ellas el embajador, nos dieron discursos, muy motivantes todos. Estuvo de maravilla.
Luego fuimos a una fundación-museo, donde vimos una exposición sobre las vanguardias. Me resultó muy útil porque tenía un examen en poco tiempo sobre ese tema. Después fuimos hasta un lugar (La rodilla, creo que se llamaba) donde nos dieron una pequeña merienda y otra vez nos montamos en el bus, hacia el aeropuerto. Allí esperamos un buen rato, descansando, hasta volver a Vigo.
Fue un día lleno de experiencias interesantísimas, en el que además decidí que quería conocer Madrid un poquito más.
PD: para el que le interese, todo esto me salió absolutamente gratis.

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