miércoles, 4 de julio de 2012

Motivos, razones.

Mucha gente me toma por loca. Suicidio académico, dicen. Perder un año, dicen. Deben pensar que no he reflexionado horas y horas sobre qué hacer y que no, sobre si esto me conviene o estoy tirando un curso.
Me enteré de la beca cuando aún faltaba un año para que pudiese pedirla -y dos para disfrutarla. Al principio me negué en rotundo, principalmente porque a primera vista, cuando mi madre me sugirió que me fuese tanto tiempo, daba un poco de impresión. Y una vez que dices "no", en mi casa ya no puedes ir cambiando de idea cada dos por tres. Se lo comenté a una amiga que suspendía alguna ya allá por segundo de ESO, y me dijo que a ella le parecía buena idea y la pediría gustosa si no fuese porque la media no le daba de ninguna manera. Reflexioné mucho sobre ello y pensé que quizás era una gran oportunidad, pero cuando ya estaba casi decidida, el chico de la clase que saca mejores notas que yo me contó que también la había visto y era un plan nefasto. Él debía saber, ¿no? Me refiero, su media casi rozaba el 10, es lo que se suele llamar "argumento de autoridad", el chico sabría de lo que hablaba.
Muchas veces es difícil tomar una decisión radical
Me olvidé del tema durante más de seis meses. Ya en verano, me fui al Reino Unido un mes. Esa decisión la tomé con los ojos cerrados, en mi vida había hecho un viaje tan bueno. Fue maravilloso, tenía clases de inglés todas las mañanas pero luego había muchísimas actividades y excursiones, lo disfruté como una enana. Allí me di cuenta de que comunicarse en inglés es fácil. Sí, gente, comunicarse en inglés es fácil. Volvió a mi cabeza la idea de la famosa beca y pasé varias noches considerándolo seriamente. No me gusta nada tomar decisiones. No porque sea mala en ello, sino porque me resulta imposible ver las cosas en blanco y negro, siempre hay una infinita gama de grises y todas las opciones tienen sus pros y sus contras. Pero aquí no valía irme a medias. O me marchaba o me quedaba, punto.
Decidí comunicárselo a mis padres al volver a España. Tengo que decir que mis padres me apoyaron (y apoyan) un montón con esto. No sé cómo estarán por dentro, pero su "por nosotros, vete" siempre ha estado ahí. Mis amigos, en broma, dicen que mis padres no me quieren y están deseando que me largue de la casa. No hasta ese punto, pero es cierto que siempre han promovido mi independencia y libertad. Se lo agradezco, porque si ellos no me hubiesen dado luz verde o me hubiesen infundido miedo (más del que ya tenía, quiero decir), jamás hubiese dado el paso de presentarme a la beca que va a cambiar mi vida.

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