Me enteré de la beca cuando aún faltaba un año para que pudiese pedirla -y dos para disfrutarla. Al principio me negué en rotundo, principalmente porque a primera vista, cuando mi madre me sugirió que me fuese tanto tiempo, daba un poco de impresión. Y una vez que dices "no", en mi casa ya no puedes ir cambiando de idea cada dos por tres. Se lo comenté a una amiga que suspendía alguna ya allá por segundo de ESO, y me dijo que a ella le parecía buena idea y la pediría gustosa si no fuese porque la media no le daba de ninguna manera. Reflexioné mucho sobre ello y pensé que quizás era una gran oportunidad, pero cuando ya estaba casi decidida, el chico de la clase que saca mejores notas que yo me contó que también la había visto y era un plan nefasto. Él debía saber, ¿no? Me refiero, su media casi rozaba el 10, es lo que se suele llamar "argumento de autoridad", el chico sabría de lo que hablaba.
| Muchas veces es difícil tomar una decisión radical |
Decidí comunicárselo a mis padres al volver a España. Tengo que decir que mis padres me apoyaron (y apoyan) un montón con esto. No sé cómo estarán por dentro, pero su "por nosotros, vete" siempre ha estado ahí. Mis amigos, en broma, dicen que mis padres no me quieren y están deseando que me largue de la casa. No hasta ese punto, pero es cierto que siempre han promovido mi independencia y libertad. Se lo agradezco, porque si ellos no me hubiesen dado luz verde o me hubiesen infundido miedo (más del que ya tenía, quiero decir), jamás hubiese dado el paso de presentarme a la beca que va a cambiar mi vida.
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