Yo me tuve que levantar a las seis y cuarto porque mi madre iba a consultar el Archivo Histórico de las Parroquias que está en archiarzobispado de Santiago. Así que allá me fui con ella y un cliente suyo. En realidad habíamos quedado a la una y media. No conozco mucho Santiago, pero da igual, ya se sabe que preguntando se llega a Roma... o a la estación de trenes, en mi caso. Ya había llegado los de Coruña cuando yo me presenté allí. Luego apareció el único chico de Santiago, Carlos, que había reservado el restaurante (sin saber dónde estaba, debo añadir jajaja). Al poco, arribó el tren de Vigo, Pontevedra y las Rías Bajas en general y un poco después, el de Orense.
Fuimos al sitio aquel, "Dolce Vita", donde nos atendió una italiana que bueno... me da la risa al recordarla. La típica con el pelo teñido de rubio platino, bronceado de solarium, tres kilos de maquillaje, etc. Y no os creáis que era una jovenzuela. Nos cobraron el pan (hmm, comprensible aunque roñoso) y ¡el queso rallado! Sí, increíble, además ni siquiera nos avisaron. Pero bueno, la comida estaba muy rica, todo hay que decirlo. La compañía, excelente. Luego fuimos por ahí, por la Alameda y tal. Lo bueno de estos chicos es que para la beca hace falta muy buena media y ser responsable, medianamente "normal" en el buen sentido de la palabra... Es gente con la que me encuentro muy a gusto y comprendida, digamos que "en mi salsa". La despedida fue muy bonita, aunque jo, da pena pasar un día divertido y tener que marcharse.
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| Nosotros, en la Alameda, jugando a las cartas |

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